

Yo soy una meretriz
Luiz Carlos D. Formiga
Era una joven delgada de mirar entristecido. Le contó que fue el padrastro quien la colocara en el plano inclinado. (1) A la noche cuenta que vivía en un barrio de alta clase social y económica. Cuando el padre murió ella contaba casi quince años. La madre tenía cuarenta y dos y era una mujer frívola, de carácter vulgar y, en menos de tres meses después, estaba en los bailes y fiestas. Se ligó a un hombre más joven que ella, de estos que viven para explotar a mujeres ingenuas. El vino a vivir a nuestra casa y comenzó a procurarme. Mi madre lo creyó cuando él le dijo que yo me había ofrecido. Tras la bofetada, me puso en la calle. A los quince años yo estudiaba y tenía una amiga de diecisiete años que me recibió en casa. Ella dijo que la vida era maravillosa y que debíamos disfrutarla. Era acompañante de viejos ejecutivos y una noche le rendía quinientos dólares. Más tarde ella me dijo que si no trabajase también no comería y me llevó a una casa. A través de la divulgación del Espiritismo, por medio de la palestra en la reunión pública, en clima fraternal y con interés de ayudar en la solución de los diversos problemas humanos, se consiguió la rehabilitación y, posteriormente, la integración de la joven a las labores espíritas. (2)
¡Hoy ella tiene una familia!
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Revista Fraternidade (Lisboa - Portugal), 419 (maio): 149-154, 1998
*** Imagens-Google LUIZ CARLOS D FORMIGA
Enviado por Juli Lima em 20/07/2026
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